El fotógrafo madrileño Ricardo Diez Baeza (1977) desarrolla su pasión por la imagen durante su juventud fascinado por aquella intocable cámara Nikon F3 de sus abuelos. Mientras estudiaba economía y gestión ambiental, se tomaba el tiempo de investigar de forma autodidacta para jugar con cualquier tipo de equipamiento.

© Ricardo Diez Baeza

Siempre improvisando partió con cámaras desechables en su primera aventura a Nueva York. Sólo entonces comprendió la importancia de “viajar ligero” sacando el máximo provecho a su minimalista equipo. Su carrera profesional en proyectos para la Comisión Europea le permitió trasladarse a destinos tan recónditos como Mauritania o Timor Oriental, lugares donde solía retirarse de los destinos turísticos habituales para explorar las comunidades pobres y rurales más aisladas. Desde entonces, sus fotografías se han convertido en testimonio de un mundo que es deliberadamente negado por los medios, escondido en la intimidad urbana.

© Ricardo Diez Baeza

De hecho, Ricardo fue testigo de la tragedia ocurrida en 2010 en Puerto Príncipe, Haití. El terremoto lo encontró en su habitación en el Hotel Montana que fue totalmente destruido. Sobreviviente de milagro, Diez con cámara en mano procede a tomar fotografías que según nos cuenta no son su mejor trabajo, pero si su recuerdo más relevante. A partir de entonces, él comprende esa necesidad visceral de tomar fotos, para capturar no sólo la emoción que lo rodea, sino también la suya.

© Ricardo Diez Baeza

© Ricardo Diez Baeza

“Me gusta caminar por las calles de las ciudades del mundo en busca de la manifestación de la vida cotidiana, transcribiendo esta visión en intrépidas fotografías en blanco y negro”, dice Ricardo, consciente de que la sociedad actual aspira al éxito excesivo, olvidando en muchas ocasiones el verdadero contacto con la realidad de millones de personas.

© Ricardo Diez Baeza

© Ricardo Diez Baeza

“A través de mi trabajo quiero mostrar mi perspectiva sobre la gente anónima. Al ver mis imágenes me gusta imaginar que todo ser humano es igual al final del día, sin importar el nivel de sus salarios”, recalca. Es justamente este impulso de supervivencia a través del lente, lo que encanta de la obra de Ricardo, la posibilidad de reconocer en los otros una parte de nosotros mismos.

© Ricardo Diez Baeza

Enlace: www.diezbaeza.com

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