Ha pasado ya algún tiempo desde que vi la obra de David Flores por vez primera, recuerdo bien que ante las millones de imágenes que pasan por mis ojos de forma inconsciente una tarde se presentó a mí un viaje onírico que me dejo encantado, al verla entré a una atmósfera húmeda, llena de rugidos y sensualidad, la imagen es una obra excelsa que te lleva al ambiente selvático naif del aduanero Henry Rousseau y en paralelo te introduce al erotismo contemporáneo de Terry Richardson.

© David Flores

© David Flores

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En la fotografía aparece Ana García Zambrano‏, ella se arquea y juega como leona ante el lente, esta sensualidad se ve acompañada de una serie de elementos como la máscara de felina amarilla y los tenis blancos sin agujetas que traspiran con libertad lasciva, al salir de este ambiente cubierto de gotas de sal los caminos de los avatares hicieron que David y yo nos encontráramos en una cueva urbana con dos pócimas de cebada. En esta reunión David presento ante mis ojos varias series de fotografías inéditas, en todas ellas hay una coincidencia que había yo visto en la serie acerca de Ana García Zambrano, todas las musas de David son bailarinas profesionales, lo cual él me confirmó y me afirmo: “Es muy difícil encontrar personas que hayan desempeñado un oficio físico por veinte años cuando tienen solo veinticinco”, esto me hizo llegar a la conclusión de que la inteligencia y la memoria presente de cada glúteo, de cada hombro, de cada muslo, de cada pantorrilla, de cada tejido del cuerpo del conjunto de una bailarina crea una magia intensa a la hora de mezclarla con la sensibilidad y técnica que tiene la fotografía de David Flores, estos elementos van combinados de una dirección que nace del profundo inconsciente del fotógrafo, una necesidad de hacer del monumento del cuerpo de una mujer una metamorfosis.

© David Flores

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Este fundamento habita en los profundos pensamientos que David fulmina con la frase “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad” de Carl Gustav Jung y cobran vida en las obras en las que ha fotografiado a Lorena Ortiz. David ha trabajado con Lorena en distintas facetas, en una serie se presenta ante nosotros un viaje onírico de interacción en los museos, donde Lorena con una extraordinaria capacidad histriónica interpreta a una Alicia contemporánea que vive un viaje en paralelo con las obras. En la serie Lobas se presenta ante nosotros una atmósfera oscura y fría, llena de gritos y lamentos donde dos ninfas (Itzel Gutiérrez y Lorena Ortiz) se convierten en lobas para desfigurarse en un desdoblamiento carnal y vivo.

© David Flores

© David Flores

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El encuentro en la cueva con David ha sido maravilloso, yo observo como él va abriendo imágenes como Xaman de los altos, paso siguiente me lleva de la mano por una habitación al interior de un departamento familiar, todo va cubriéndose de azul como si estuviésemos en una obra de James Turrell, en el centro se presenta una mujer (Rocío Reyes) quien completamente desnuda le da un sentido erótico y feroz a una serie de elementos hogareños, nunca nos revela su rostro, ella se hinca y las palmas de sus manos se entrelazan sobre un triciclo infantil desembocando en nosotros una lluvia de símbolos decodificados de una manera diferente, la materia cobra vida, tiene alma y se transforma en las células de luz y sombra de David Flores.

Enlace:
www.facebook.com/davidfloresrubio

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