La francesa Crapaud Mademoiselle, disfrutó de la fotografía desde que era una niña. Solía pasar largas tardes en el pequeño laboratorio de su padre, donde jugaba a hacer fotogramas. No obstante, en su adolescencia la joven pensaba que ser fotógrafo era prácticamente el peor trabajo del mundo, por lo que no fue fácil redescubrir este arte del cual ya no puede prescindir. Y es que tras estudiar en la Facultad de Artes Aplicadas de la Universidad de Toulouse, Crapaud Mademoiselle retoma esta disciplina transformándose en fotógrafa de forma autodidacta. “He aprendido observando y probando”, dice esta amante de Diane Arbus y Eadweard Muybridge, quien por lo general trata de crear en su portafolio un espacio para hacer reír a la gente y con ello generar una situación grotesca. “Hemos llegado al súmmum de la violencia donde la basura ya no puede ser una forma de provocación. Al mismo tiempo, imaginar imágenes de modo que respondan a «los estándares de belleza» también se ha saturado. Hoy ya los rostros no reaccionan ante uno u otro por lo que no puedo contentarme con una imagen por set. Esto me sitúa entre la foto y el vídeo, así insisto en el lado narrativo que me hace sentir que controlo mis historias”, señala consciente de que la imaginación es un terreno inconsciente, gratuito y caprichoso.

© Crapaud Mademoiselle

A la hora de crear, Crapaud Mademoiselle utiliza una Canon EOS 5D Mark II con un objetivo 24/70mm, y cuando se trata de editar su trabajo solo usa Photoshop para compensar problemas técnicos, pues considera que este programa se lleva la espontaneidad del mensaje. “Al principio, suavizaba la piel, pero al final prefiero trabajar con iluminación de estudio para dar este tipo de aspecto. Funciona mejor para lo que quiero, una brecha creada entre la iluminación natural y un lado más áspero”, explica.

© Crapaud Mademoiselle

Respecto a la evolución de la fotografía en su país de origen, Crapaud Mademoiselle asegura que el arte en Francia retoma su narrativa con fuerza. Sin embargo es categórica al momento de la crítica. “Es en la difusión del arte donde veo el problema. Cuando observo que todavía somos capaces de hacer en 2011 un “ready-made”, exponiendo plátanos y convirtiéndolos en prosa, me dan ganas de llorar. Para mí el arte está ahí para tocar, hacer preguntas, sentir, decir, divertir, deleitar, provocar, mientras que un ready-made, en el preciso sentido de la palabra, está vacío de todo ello”, dice Crapaud Mademoiselle atenta a capturar en un futuro imágenes que deleiten los sentidos.

© Crapaud Mademoiselle

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© Crapaud Mademoiselle

© Crapaud Mademoiselle

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Enlace: www.crapaudmademoiselle.fr

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