“Todos nacemos con cierta dosis de violencia, con la agresión suficiente para volvernos apasionados, con la capacidad transformable de la rabia en el intelecto, de la razón en la creatividad”, afirma la franco-mexicana Julia Farber Data al reflexionar sobre los distintos caminos que ha tomado su quehacer como bailarina.

Julia ha sido intérprete con diversas compañías de danza y teatro físico en México y en Europa. Actualmente realiza una residencia artística en Barcelona, España, como integrante de Physical Momentum Project. Ante la cámara y con sus palabras, Julia deja ver el cuerpo trabajado de una bailarina genuina, no una belleza superficial sino aquella que surge de la capacidad expresiva del lenguaje dancístico, del cuerpo que se forja cruzando aduanas de dolor y violencia autoimpuesta.

© David Flores Rubio

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“La visión de los cuerpos en la danza está transformándose. A la hora de generar movimiento sí hay un reto en mostrar que una mujer no deja de ser bella al ser fuerte, capaz de sostenerse a sí misma, independiente. Si el ballet era tan patriarcal, ahora hay más información y más parámetros de belleza, una consciencia de que tenemos que descolonizar las estructuras mentales y, por ende, los cuerpos sobre todo de mujeres, pues para mí este proceso si tiene que ver con el género, aunque con la danza también los hombres se transforman.”

© David Flores Rubio

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¿Tú sientes que eres masculina o femenina?

“A veces me consideran una mujer que tiene bastante masculinidad desarrollada, quizá por tener fuerza o musculatura, por mi estatura, porque también me gustan las cosas de fuerza y resistencia; sin embargo no creo que eso defina el género ni mucho menos las capacidades. Una mujer desarrolla según su personalidad su propia feminidad, y el ser mujer también es ser fuerte y muy resistente”

© David Flores Rubio

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“También pesa ese rasgo masoquista de los bailarines: vivimos constantemente a flor de piel, tanto con la emotividad como con el cuerpo. En la compañía de la que formo parte, dirigida por Francisco Córdova Azuela, encontramos un empoderamiento en escena, podemos ser mujeres bestias, expresarnos a través de símbolos universales que mucho tienen que ver con la violencia y los límites de la expresión física. Todo eso choca con los viejos conceptos de lo femenino. Incluso a mí me han llegado a decir que no podría ser una modelo por mis músculos, aunque evidentemente eso no sea algo que me interese.”

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¿Este tipo de vivencia del cuerpo conlleva algún peligro físico o psicológico?

“Sí es riesgoso entrar a lo más profundo de tus emociones, sacarlas, utilizarlas para el movimiento y para la escena, si después no eres capaz de guardarlas. Actualmente tengo capacidad de construir imágenes con las que yo podría conectar directamente con emociones y movimientos muy rudos, muy físicos, hasta exacerbarme; pero no, ya aprendí a usar eso con una gota de humor negro y de ironía, de locura incluso. Lo interesante para un intérprete es cómo atravesar umbrales de dolor emocional y mental sin ponerte en situaciones vulnerables.”

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¿A ti te gusta tu cuerpo?

“Sí. Aunque he pasado por muchas, muchas etapas de conflictos con mi físico y ha sido difícil. Tiene que ver con danza, pero no solamente, pues es algo que he debatido conmigo misma desde niña. Sin embargo, ha sido maravilloso entender el cuerpo desde otro punto, no solo desde una estética de belleza como si fuera una figura tal cual gran parte de la cultura lo pinta, sino también como una herramienta con todas sus capacidades increíbles. Eso cambia los protocolos de belleza.”

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“Desde que danzo he pasado por varias etapas de gustarme o no, pero finalmente estoy aprendiendo a que mi cuerpo me guste más de lo que nunca me ha gustado, porque puedo usarlo de otra forma.”

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“Yo desde chica nunca he querido ser bonita. La primera vez que me hicieron una sesión fotográfica pensaba: ‘¿por qué me quieren tomar fotos si yo soy tan fea?’ No me creía o me sentía bonita, ni era mi propósito, de hecho cuando era más niña y era punkie mi objetivo era el contrario. Quizá por eso uno de mis propósitos al hacer cosas tan fuertes en la danza sea el buscar otro tipo de belleza.”

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“Me dijeron alguna vez que yo era como una estatua antigua de mármol que uno de lejos la ve increíble pero al acercarse se aprecian una gran cantidad de grietas, pero eso no me afecta: las bailarinas aprendemos a vivir con nuestras cicatrices.”

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¿Por qué bailas, Julia?

“Me muevo y bailo porque creo que mi cuerpo es un instrumento vital, porque creo en el arte y creo en la creatividad, como una base humana y una responsabilidad social, entiendo que necesariamente tienes que ver al arte como una herramienta para hacer más transformable el mundo.”

© David Flores Rubio

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“También decidí bailar porque vi una cierta objetividad en el decir algo con el cuerpo, con mucha más relevancia que únicamente hablar. Hay imágenes dancísticas, al igual que en la fotografía, que pueden decir mucho más que mil palabras. Encontré en el movimiento y en la danza lo que buscaba con la parte intelectual, aunque ahora me gusta pensar que, aun partiendo de ideas, hay rasgos de dadaísmo y de surrealismo en el movimiento que creo.”

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“Desde la parte interna se volvió una necesidad. Cada vez que bailo siento un fuego, algo indispensable. Y cada vez que bailo alimento más esa llama, por lo que ahora sería imposible poderla apagar.”

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#ProyectoDegas muestra la belleza total de bailarines y bailarinas que hacen de su cuerpo un instrumento de expresión artística, construido desde la entrega, la obsesión y a veces la violencia. Inspirado en las bailarinas de Edgar Degas, quien supo exaltar la sublime estética del dolor, el cansancio y la deformación de los cuerpos de la danza.

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