Cierro los ojos y cuando los abro me encuentro en un hotel barato en la periferia de la ciudad. ¿En qué ciudad?, en todas las de Latinoamérica y algunas ciudades de los Estados Unidos, las cuales tienen varios elementos en común, pero los que nos incumben en este momento son dos, en los medios urbanos americanos siempre hay un hotelito polvoriento, con cortinas rosas de material de toalla y un jabón rosita que decora el cenicero y el otro elemento paralelo es, la mujer, esta amazona que flota por las luces de neón de Las Vegas, que pide un chillidog en la séptima de Nueva York, que se come una mazorca de elote en el parque central de Cuernavaca, que mira con inusual coquetería la estatua de Cantinflas que preside de manera anónima la Colonia Roma en la Ciudad de México, esta nereida que cubre sus labios de saliva y cera roja en Medellín. Ella habita en la fantasía de cada sátiro contemporáneo, y envuelve con sus piernas el inconsciente profundo de una habitación de “Cheap Hotel” de Alan Yee. En esta serie son ellas las que ocupan, en lencería o desnudas, la morbidez lasciva que desata los remolinos de libídine que corren por nuestras venas, con los pechos al aire, y los pliegues de los muslos descubiertos al punto para ser devorados. Todas ellas con ojos de Diosas, preciosas con piel de seda, contrastando con el hotel sucio y descuidado en el que se encuentran, dándole razón a la fantasía profunda que apunta, muchas veces, al lado oscuro del deseo rodeado de contrastes, una ninfa clara, limpia y bella en un hotel barato, feo y sucio.

© Alan Yee

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Enlace: www.alanyee.com

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