Vicente, te consideras un gran amante de la ilustración, la tipografía y el diseño editorial, ¿qué podrías contarnos de tus inicios?
Mi interés por el arte ha existido siempre, pero cuando era un adolescente comprendí que podría encontrar grandes herramientas en el diseño. Una vez dentro de la universidad, fue un asombro. Descubrí cosas absolutamente nuevas para mí, que lograron conjugar miles de intereses e ideas que tenía en la cabeza hace mucho tiempo. Entendí mi amor por los libros, el papel, el detalle y el trazo.
Dado tu despertar creativo en distintas etapas, probablemente los estímulos visuales en tu infancia aceleraron el proceso… ¿no?
Sí, mi infancia fue crucial, desde chico que fui bombardeado por estímulos artísticos. Casi todos en mi familia dibujamos, los paseos al museo eran habituales y los libros de arte abundaban en mi casa. Estoy muy agradecido por todo eso. También en el colegio, pero me refugié por mucho tiempo en la sala de arte, expresando las intensidades de la adolescencia en la pintura y el dibujo.
¿Cómo compatibilizas los oficios de ilustrador y diseñador en tu rutina diaria?
La ilustración me permite ser artista y diseñador a la vez. Puedo invertir toda mi creatividad en objetos, experiencias e imágenes; compartirlos, reproducirlos y colaborarlos. El ejercicio de ser diseñador te obliga a ser generoso y comprensivo: existe un usuario, un consumidor y un lector. Es un trabajo muy refinado, en donde tienes que equilibrar muchas aristas comunicacionales. Lo más maravilloso de todo, es aprender el lenguaje de la imagen, lo visual. Es increíblemente amplio, y puede ser absolutamente racional y emocional al mismo tiempo. No se puede normar, sólo ejercitar constantemente. Algo que me encanta de estos oficios es que te obligan a conocer. Ya sea por encargo o trabajo personal, si eres un diseñador/ilustrador responsable, estás con el deber de estudiar y analizar sobre el tema en que estás trabajando para poder diseñarlo correctamente. Eres como un traductor, necesitas manejarte en ambos idiomas.
En esta triada, ¿qué diferencia a la ilustración?
La ilustración creo que me permite ser más caprichoso, dibujo cosas que me gustan de formas que me parecen atractivas. Me expreso con libertad. Cuando lo hago por trabajo, soy más generoso: me esfuerzo en que se entienda y sea armónico, aunque lo expresivo termina saliendo igual.
Ya hemos sido testigos de tu talento en diversas colaboraciones, ¿cómo ha sido esta experiencia?
El trabajo colaborativo es hermoso. Ojalá pudiese hacerlo más seguido, pues necesita de mucha organización y química. El tiempo suele ser la traba más grande, pero una vez que se logra es fascinante. Con mi pololo, que es fotógrafo, hemos hecho el ejercicio y los resultados han sido entretenidísimos. Ha sido una linda manera de unirnos creativamente.
¿Qué podrías contarnos sobre dichas intervenciones en fotografías?
Me gusta intervenir imágenes literales, la escena real, explícita. Perturbarla con el trazo agresivo y superponer lecturas. Como los cabros chicos, cuando juegan rayando las fotos del álbum familiar, o más adolescentes cuando rayan la cara del imbécil que les cae mal. También es mágico, en la brujería se suele conjurar dibujando o escribiendo sobre una foto. Ese lenguaje de rayar, saturar o hasta violar la imagen con manchas y líneas es bastante natural, y muy honesto. Es muy íntimo también. A nivel técnico, suelo hacerlo de forma digital, con una tableta digital o pegando dibujos escaneados.
En cuanto a estilo, ¿cómo ves el resultado final de estas propuestas?
Creo que mi estilo es bastante visceral y agresivo pero al mismo tiempo se enmarca en composiciones muy meticulosas y delicadas.
Entonces, ¿cómo definirías el marco contextual que las reúne y de qué manera trabajas en él para lograr cada pieza?
Es un marco íntimo, inspirado en el cuerpo, la anatomía, el sexo, la muerte, la brujería, los insectos y la naturaleza. Soy muy estudioso a la hora de trabajar. Busco muchos referentes visuales, investigo en lecturas y escucho música. Es lo que más me toma tiempo: llenar mi cerebro de conceptos e ideas hasta estrujarlo y quedarme con la última gota que queda. Desde ahí, todo se vuelve más inmediato y fluido.
¿Te sientes parte de esta oleada de “diseño emergente” en Chile?
El “diseño emergente” es justamente con la escena que más me relaciono. Creo que es bellísimo ver la cantidad de talento que se está dando a conocer en mi generación. Tanto en lo que es ilustración, diseño, música y fotografía he conocido gente increíble y tremendamente admirable. Talento hay, y del bueno. Sin embargo, lo “emergente” está muy de moda a nivel de mercado, y el real desafío será encontrar el minuto en que los “emergentes” se transformen en los “consolidados” y no en los “olvidados”.
Para lograr consolidarse hay que mantenerse en constante movimiento, ¿ayudan en ello los medios?
La verdad es que me quejo harto del mercado. Creo que los medios editoriales no están teniendo líneas claras en cuanto a imagen (me refiero a fotografía, ilustración y diseño gráfico/editorial), le temen a lo arriesgado y complejo, creen que los lectores son tontos y no tienen vergüenza en plagiar. Es triste, pero hay casos excepcionales, obvio.
Hay mucho corazón en tu trabajo, ¿cuál de ellos ha superado tus expectativas?
Creo que diseñar librillos ha sido tremendamente gratificante. Son de las pocas cosas que hago que terminan en experiencias tangibles, no planas en una pantalla. Puedo olerlos, tocarlos, navegarlos y compartirlos. ¡Es genial!
Fabuloso y dime, ¿qué podemos esperar de tus próximos proyectos?
Acabo de terminar un proyecto editorial que venía trabajando hace tiempo. Se llama “La Isla”, y es un librillo que habla del aislamiento, el cosmos y la amistad. Es un trabajo bastante personal e intenso. Lo estoy vendiendo a través de mi Flickr en dos formatos, y espero poder pronto venderlos en alguna feria u otra instancia. Además, estoy trabajando en mi página web, un portafolio fijo y un poco más formal. De todas formas estarán vinculados. Mientras sigo estudiando, así es que mis proyecciones están en titularme el próximo año. Me encantaría poder viajar y armar más proyectos colaborativos. Pero eso se verá con el tiempo, la creatividad no cesa.
Enlace: www.flickr.com/photos/azmodeo – www.reinamontes.com













































