Santiago Sepúlveda siempre ha tomado fotos. Las imágenes han sido como un vicio, uno que no quiere dejar. Cuando niño, antes de tener una cámara en sus manos o siquiera saber qué era la fotografía o el arte, este diseñador dibujaba todo lo que veía en los museos o en la calle para guardarlo y retenerlo en su memoria. “He sido muchas personas diferentes desde ese momento. Salirse de uno mismo hace que las manos y los ojos hagan cosas que ni uno mismo espera y para sorprender hay que dejarse sorprender, por eso creo que nunca me he quedado sin escenas”, nos cuenta desde su hogar en Bogotá, Colombia.

© Santiago Sepúlveda

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Santiago, ¿fue espontáneo este amor por capturar imágenes?

En realidad ha aparecido lentamente y por partes. Cuando estaba en el colegio me regalaron una cámara point and shoot que nunca soltaba; era mi juguete preferido y la utilizaba todo el tiempo jugando a guardar todo sin saber realmente por qué.

© Santiago Sepúlveda

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Tu perspectiva como diseñador sin duda va de la mano con la fotografía, ambas disciplinas tienen una raíz común, la creatividad…

Claro, lo que estudio ciertamente tiene mucho que ver. Soy diseñador y lo que hago es diseñar imágenes. Esto no quiere decir que tengan un fin o una intención, se dirijan a un público o busquen convencer a alguien de algo; nada de eso. Lo que sucede es una mezcla entre un placer indescriptible por la composición, esa magia nostálgica inherente a las fotos, y el modo de conceptualizar y comunicar tan poderoso del diseño.

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Cómo sientes que fluyen tus ideas cuando estás con una cámara entre tus manos. En qué piensas, qué inspira cada toma…

Las inspira el cambio permanente y la incertidumbre; dos polos que juegan a odiarse y amarse, necesitarse y repudiarse. De ahí que todo resulte en una idea mutante sobre el progreso en donde las imágenes son el alma que grita cultura y cambio; a esto le he dedicado el blog neoprimitivismo.tumblr.com donde el futuro y el pasado dejan de existir para formar un presente proyectable, lógico y espiritual; simbiótico. Complejo.

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¿Hay una “intención” detrás de tu obra?

Mis imágenes no buscan transmitir algo específico sino una sensación de momento alimentadas por su tiempo circundante. La gente las puede leer como quiera y pensar de ellas lo que quiera. A nadie se le puede enseñar a sacar conclusiones y sin duda, para cualquier persona que produzca una imagen ese momento es único, imposible de transferir o explicar, sólo representable. El juego ahí está en representar de la forma más increíble, pero esto ha de venir del instinto para no caer en la generalidad y la repetición.

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Cómo te enfrentas al aprendizaje técnico a nivel fotográfico…

Las técnicas cambian con el tiempo. Algunas fotos las planeo, otras no. De todos modos las que planeo nunca resultan como las he pensado. Mi técnica es sencilla: no esperar nada y dejar que todo suceda solo para disparar cuando el aire del momento lo pida. Después en edición escojo qué colores y contrastes dan mejor con la sensación de ese momento.

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¿Cuál es tu vínculo con el trabajo de otros fotógrafos? ¿Tienes alguno favorito que de cierta forma te influencie?

Tengo mis básicos: Richard Avedon representa mucho en mi imaginario, pero admiro infinitamente la fotografía documental. Mi lista de favoritos ahí es infinita, pero sacan la cabeza H. Cartier Bresson y Josef Koudelka como inolvidables.

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Y el resto, momentos, instantes, personajes cotidianos, quizás…

El resto está en la cantidad infinita de imágenes que se producen en internet. Fotos sin nombres ni dueños, moviéndose, apareciendo y desapareciendo entre el stream imparable de internet. Los fotógrafos en mayúsculas ya no existen (afortunadamente). El arte sin ego es arte de verdad.

© Santiago Sepúlveda

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Tu portafolio fotográfico es muy diverso. Entre tantas series, ¿sientes aprecio por alguna en especial?

Es una pregunta difícil. Mis preferidos son la mayoría retratos, pero como -serie- o selecto grande, sería “Plazas”. Estos lugares me parecen máquinas del tiempo que van al pasado nostálgico de la vida local, tranquila y profunda, pero a su vez muestran el futuro donde dejamos de lado la estupidez que es la globalización, en términos de estandarización cultural y nos hacemos nuevamente a la tierra y su naturaleza, a la cultura y la diversidad.

© Santiago Sepúlveda

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Es increíble la atmósfera que logras: un paisaje urbano plagado de desconocidos donde los aromas destilan libremente en cada imagen…

La sensación de estar ahí es difícil de transmitir, aunque sea con las mejores fotografías. Faltan olores y sonidos que le dan ese aire de complejidad y naturalidad que en una foto es seco y tremendamente contundente: afanado. En uno de estos recorridos por la plaza de Palo Quemao en Bogotá, la más grande luego de la central de abastos, me encontré con un puesto donde todos los productos a la venta eran objetos de magia popular. Plantas de todo tipo para hacer menjurjes, unos para el bienestar, otros para mejorar el sexo, el amor, para ahuyentar enemigos o malas energías. Champagna rosada para bañarse en ella y tener así prosperidad. Velas en forma de personas desnudas que si se prenden juntas traerán amor, si se prenden separadas traerán sexo desinteresado y así. La lista es tan grande como la cantidad de creencias populares. En estos casos el papel del fotógrafo no es otro que caminar, disfrutar y agarrarse de ese sabor del ambiente, así las fotos se hacen solas.

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Algo similar me ocurre al observar tu proyecto “NOTMYSTORY”. ¿Por qué crees que surge esta necesidad tuya de indagar en la intimidad de seres anónimos?

“NOTMYSTORY” es un juego para fotografiar una gran cantidad de extraños sin preguntarles nada, sin averiguar nada de sus vidas y luego “crearlos” nuevamente. Caminé varios días por la calle buscando caras que me parecieran interesantes y sorprendentes, otras veces comunes y corrientes, aburridas o sin-sabor. Cuando tenía una buena cantidad apareció lo que buscaba: patrones. La forma en que las personas se visten, como utilizan sus accesorios, los gestos que hacen, como se peinan, como miran, todo eso siempre está relacionado y siempre es colectivo; todo tiene un patrón, una tendencia que se populariza o desaparece rápidamente, pero siempre deja una huella en el modo de ser de la gente. Luego empecé a crear personajes eliminando por complejo sus identidades originales. Todos se llamarían de una manera diferente y hablarían con nuevos acentos. Construirían sus conversaciones de nuevas maneras y serían nuevas vidas; serían el teatro de la vida. El patrón hecho ficción.

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Colombia es un país tan rico visualmente, lleno de mística. ¿Cómo se desarrolla la fotografía en tu país? ¿Qué tipo de valoración existe en torno a la imagen?

Hay una cantidad de nuevas caras que tienen el potencial de hacer cosas muy interesantes, pero la moda se ha convertido en el dedo en la llaga de la creatividad, herida ya por “la educación” y los medios. Lo más fácil para un fotógrafo es conseguirse una chica con cuerpo perfecto, ponerla en cualquier lugar (una pared destruida, unas buenas plantas, una playa, lo que sea) y repetir las poses populares en internet. Sin duda saldrá una buena imagen, pero ahí no hay nada (y también pasa en mis imágenes. Es difícil huirle). Pienso que hay que salir de la “zona de confort” para revolucionar el medio. Acá tenemos una mezcla cultural y una historia muy particular que alimenta nuestras capacidades y que otros artistas utilizan muy bien, pero a la fotografía se la ha tragado una estandarización estética justificada en valores estéticos ajenos, que no están mal pero ¿para que repetir lo que ya se hizo bien?. Es hora de quitarse los guantes blancos y ensuciarse las manos.

¿Has tenido alguna dificultad en cuanto a tu labor como fotógrafo independiente?

Habría dificultades si fuera una obligación, pero es un placer. Lo que no resulta no importa.

© Santiago Sepúlveda

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Hoy, tanto en el ámbito del diseño como de la fotografía ¿tienes algún proyecto en curso?

Me proyecto como diseñador. Como fotógrafo sólo lo disfruto y lo dejo ser. Hay cosas que es mejor dejárselas al subconsciente. He estado experimentando con video y organizando algunas ideas para una serie que espero esté lista para mitad de este año, donde mezclo danza contemporánea con un estilo particular de retratos que luego verán.

Para cerrar, ¿qué nos recomiendas para ver, oír o visitar?

Recomiendo el libro (la película no) “The Bang Bang Club” escrito por Greg Marinovich y Joao Silva. También las películas Ashes and Snow dirigida por Gregory Colbert, Mr. Nobody por Jaco Van Doramel y Waking Life de Richard Linklater.

Enlace: www.flickr.com/people/santiago6606

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