Tocar la realidad en carne propia es la especialidad del fotógrafo español Albert Bonsfills. Nacido en Barcelona en 1982, a los dieciocho años descubre gracias a una amiga el mundo de la fotografía con una Minolta compacta de 135 mm. Al comienzo, sus primeras imágenes se acercan a una ciudad más turística para luego dedicarse de lleno a su aprendizaje fotográfico en el IEFC (Centre d’Estudis Fotogràfics de Catalunya), al tiempo que experimenta como asistente y realiza trabajos por encargo, tanto en el ámbito de la arquitectura como del reportaje social.

© Albert Bonsfills - Wang Wen, 25 años, trabaja en una tienda de ropa. Wu Bao Lai , 24 años cuida a su hijo de dos años, Wang Bao Lai.

Fue así como Albert encontró en el universo de la imagen un manifiesto personal. Sin darse cuenta la fotografía llenó sus momentos muertos y con el tiempo hizo de ella un mundo aparte, el suyo, un sitio al que se entrega hoy por completo. Atraído por la complejidad de la cotidianidad, Bonsfills recorre grandes distancias intentando exprimir la vida y la calle. “Lo que nos une es universal, y para explicar estas historias a través de la cámara no sólo tengo que utilizar mis ojos, sino también mi corazón. Esa es mi manera de entender el testimonio fotográfico, cuyas miradas y palabras se quedarán conmigo por el resto de mi vida”, explica Albert y enfatiza: “Creo que he encontrado en la fotografía una manera de comprender a los seres humanos, y aunque todavía tengo un largo camino por recorrer, con cada obra aprendo un poco más sobre lo que está sucediendo en nuestra sociedad contemporánea”. Justamente lo encontramos de paso por España, entusiasmado haciendo nuevos preparativos para viajar nuevamente a China, país que ha inspirado uno de sus últimos reportajes visuales: “Living in a Ping Fang”.

© Albert Bonsfills - Panorámica Ping Fang houses, Chaoyang town, Beijing 2011.

© Albert Bonsfills - Yang Qi i Ming, 28 años. Profesora. Ella prepara un Yángròu para una noche de fiesta.

En tus reportajes siempre logras insertarnos en el ritmo de vida de la ciudad que visitas. ¿Qué podrías contarnos de un proyecto tan impactante como “Living in a Ping Fang”?

“Living in a Ping Fang” es una historia de cómo el amor por la familia, las costumbres y la austeridad deben dejar paso a la modernidad, al shopping y a los nuevos modos de vida marcados por la sociedad actual. Donde el río Ba se cruza con la calle Jiuxianqiao, al nordeste de Beijing, conviven cientos de familias en pequeñas casas de apenas 20m2, los llamados Ping Fang. Son gente trabajadora y austera que paga entre 300 y 900 RMB de alquiler -entre 30 y 90 euros al mes- ya que con sus sueldos no pueden permitirse nada más, otros no quieren vivir en otro sitio ya que es ahí donde pertenecen sus vidas.

© Albert Bonsfills - Ixia Xia, 44 años. Trabaja limpiando casas.

¿Cuál sería la mejor descripción de un Ping Fang? ¿Cómo convive esta forma de vida con el crecimiento acelerado de la gran ciudad?

Ping Fang significa “casa pequeña” y éstas brotan como un cabo suelto, como algo de lo que tirar. Los edificios limítrofes apuntan una urbe que conquista y no se detiene, se alzan dominadores, suspendidos de un modo eterno, fuertes como veneno hacia el lejano cielo transformándolo en un bloque de hormigón. Los Ping Fang, en consecuencia, son mecidos con una luz mordida, ahogada, que se esconde en el interior del silencio de las fuertes sombras producidas por las esquinas de sus callejuelas enladrilladas, esa luz hay que encontrarla y sin embargo yo la encontré al cruzar las cortinas que dan la bienvenida a cada casa, pude ver como esta gente vive feliz con lo que tiene ya que realmente la vida es belleza y solamente uno necesita saber encontrarla.

© Albert Bonsfills - Liu Jin Mei , 24 años y su novia Li El i Yun, 25 años.

¿De qué manera te conviertes en un habitante más de este entorno?

Ellos me introducen en sus vidas como uno más, me hacen sentar sobre sus camas mientras un chico con traje plateado canta en la televisión; sonríen, me explican que aquí están bien, no crecieron con demasiado pero luchan para hacer realidad sus sueños.

© Albert Bonsfills - Al borde del río más de cincuenta parejas bailando diferentes ritmos del mundo, esta vez, tango argentino.

¿Qué viste en los Ping Fang? ¿Qué te tocó el alma de esta experiencia tan íntima?

Vi el amor por la vida en cada una de las perchas que cuelgan encima de sus camas, vi sus pantalones planchados caminando por suelo polvoriento, sus zapatos de cuero negro moviéndose en sus bailes diarios y aún siento su valiente perfume que se mezcla con la humareda de algún wok. Ellos me dijeron que ese es su lugar y su modo de vida. No podrían vivir en otra parte…

© Albert Bonsfills - Joven lavando su cabello con agua que lavó antes su ropa.

¿Cuál será el futuro de esta población? ¿Hay soluciones para ellos?

Las autoridades les ofrecerán pisos en las afueras de la ciudad, lejos de todo con lo que han crecido, de sus trabajos y amistades. Un futuro en fascículos en nombre de un aparente progreso económico y estético que terminará con las pequeñas casas, que me dan la sensación no están hechas para vivir en un mundo inventado por unos cuantos. La situación en China no es fácil desde hace algunas décadas, de la misma forma que hablar con ellos de estos temas parece imposible.

© Albert Bonsfills

¿Qué planes tienes en mente para el resto de este 2011?

Vivir en París me ayuda a encontrar mi verdadero camino en la vida, París está repleta de historia, es un placer poder pisar a diario los mismos adoquines que pisaron Cartier-Bresson y Atget. Hace unos días volví de Argentina, ahí estuve trabajando en un proyecto personal sobre el turismo en el que llevo inmerso más de dos años. Una de mis debilidades es fotografiar turistas, me fascinan por sus movimientos, indumentaria y gestos. El turismo es un modo de ocio nacido no hace tantos años y lo bueno es que lo realizamos todos. En octubre vuelvo a viajar a China para continuar con otro de mis reportajes, “Los trabajadores duermen en camas oxidadas”, con el que gané la Beca CLIC! 2011.

© Albert Bonsfills - Hong Xing Xu, 24 años, chateando con sus amigos en su Ping Fang.

¿Algún reportaje soñado?

No tengo ningún reportaje mitificado, simplemente deseo poder fotografiar a cada una de las personas con las que me cruce en el futuro. Para mi el mejor reportaje es el que llega al público y con él uno consigue cambiar su visión del mundo.

Enlace: www.albertbonsfills.comwww.albertbonsfills.com  

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